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Masaje erótico

Pese a ser un hombre relativamente joven, en julio cumplo los 37, la espalda se me resiente sin motivo aparente, por lo que tengo que, cada 6 u 8 semanas hacer una descarga de tensiones de esta.

La masajista

La masajista en cuestión se llama Victoria, siempre me dice que es de León, pero creo que es nacida en Cáceres, tiene 9 o 10 abriles más que yo, pero es guapa como ella sola. Bajita, rondando el 1.55, tal vez 50 kilos de peso, cabello color canela con ojos pardos, labios carnosos, voz muy sensual y una figura de infarto. Llama la atención el tamaño de sus pechos en proporción a su cuerpo, de los cuales, dependiendo la época del año se intuyen los pezones y su esculpido culo tal como dos manzanas.

El masaje

Más que un gran masaje lo consideraría como un masaje sin pena ni gloria, pasa las manos con más o menos fuerza, lo suficiente como para que notes que te ha trabajado la zona pero, profesional profesional, no se la ve. Un vez ha acabado de hacerte el “fuerte”, te pide que cierres los ojos y que te relajes, pudiendo llegar incluso a dormirte.

No consciente si realidad o ficción, me pide que me de la vuelta, por lo que mi pene y yo nos giramos boca arriba. Inicialmente no le hace ni caso, y va trabajándote las piernas, y de repente con un codo, la roza.

EL despertar de la bestia

Entre que yo lo deseo y que creo que ella lo ha hecho adrede, mi pene endurece a velocidades vertiginosas; lo mira y dice:

– ¿Quieres jugar? Pués juguemos!

Se desnuda, se sube a la camilla, pone una rodilla a cada parte de la camilla, y con ello, su coño en mi estomago. Con las dos manos me agarra del pelo, para impulsarse a subirme el coño a la boca; una vez lo consigue, sin dudar saco mi lengua para chuparle todo lo chupable, sabe verdaderamente rico, y me va cayendo de forma constante su lubricante natural a la boca. Miro para arriba y veo sus enormes tetas con sus perfectos pezones. De repente se levanta, y me dice:

– Ahora no chupes.

Se gira de norte a sur, osea en posición contraria, y se amorra a chupar. la vista que me deja es muy de mi agrado, no únicamente por que tengo a la vista su bonita vagina, sino por que, veo también el ano por donde quiero meter un dedo, o si me deja hacerlo, la polla.

Estoy tan excitado que la hago parar de chupar, a lo que me pregunta que si me la quiero follar un poquito.

Me la follo, con la polla, con el dedo y un consolador nos ayuda

Sale de la habitación y vuelve con un mini consolador. Alega y argumenta que para correrse bien corrida, necesita que me folle su coño, que el vibrador le vibre el clítoris y que mi dedo se meta en su ano. Casi me corro al escuchar ese sueño hecho sexo. Así lo hace, se corre, y me dice que la avise cuando me vaya a correr yo.

Una vez a límite, la aviso y baja a comérselo. No deja ni una gota. Cuando acaba, me argumenta que se lo ha tragado todo para no ensuciar, cosa que aun me parece más guarro.

La vuelta a casa y con ello a la realidad

Acto seguido, se acaba el masaje, me despierto, erecto como yo solo, y sin mediar palabra por vergüenza, doy por finalizada la sesión hasta que me apañe la espalda dentro de seis u ocho semanas. ¿Me atreveré algún día a proponerle lo que mis instintos más primarios me piden que le proponga? ¿Te ha sucedido alguna vez algo semejante? ¿nos lo quieres contar y que brindemos a tu salud la pedazo de paja que nos podemos llegar a hacer? ¿Si te apetece contárnoslo? tus palabras serán muy bien recibidas en esta web.